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  • Foto del escritorKarem Pantin

Un inicio difícil, con un final feliz.

El inicio de año se presta para el deseo de un “nuevo yo”, de cambiar nuestra vida y de buscar un bienestar que no hemos encontrado en el pasado. Desafortunadamente, un porcentaje muy alto pierde estos buenos deseos a los pocos días de iniciado el año por un sinfín de razones, la cotidianeidad, metas demasiado altas a corto plazo o simplemente no le damos tiempo al cambio. Lo queremos rápido y fácil.


Vivimos en una burbuja de confort, nos han vendido la idea que la felicidad requiere del mínimo esfuerzo; que cualquier actividad que nos cause dolor, esfuerzo adicional, incomodidad o insatisfacción se sale del mito de la felicidad inmediata y, por lo tanto, no es para nosotros.


Cualquiera que se ha iniciado en el deporte sabe que los primeros meses, los primeros kilómetros, las primeras vergüenzas y los primeros fracasos son los más complicados de superar, pero una vez que pasamos esas primeras experiencias y cruzamos una meta, sin importar el tamaño de ésta, entonces encontramos satisfacción plena y una sensación de plenitud interna, y no la inmediata ni la de las redes sociales, sino la personal, para nosotros únicamente.


Por ello debemos tener muy clara nuestra razón de iniciar una actividad que de principio podría no resultar la más cómoda, porque cuando no aparezcan los likes de las redes sociales, cuando suene el despertador a las cinco de la mañana, cuando tengamos miedo a entrar al agua, cuando tres kilómetros parezcan imposibles, cuando el cuerpo duela, entonces tendremos que sacar la fuerza de ese motivo para arriesgar, seguir, persistir y no renunciar cuando tropezamos.


Lo mejor es que tras pasar esos primeros meses de incomodidad, cuando vencemos los pretextos, cuando el motivo es más importante que la costumbre y cuando se vuelve un hábito, encontraremos no solo un sentido de satisfacción inmenso, sino bienestar físico, mental, emocional y le daremos cara a una nueva vida que ya no podremos abandonar fácilmente.


Una de las labores más difíciles de cualquier entrenador es conseguir que una persona sedentaria pase por esta transformación que tomará diferentes lapsos, desde un mes, hasta más de un año. Si acaso será el 1% del éxito, pero no importa si es una persona o 50, cualquier vida que puedas impactar de forma positiva es un motivo para seguir intentándolo.


Así que, date la oportunidad de sentir incomodidad, de maldecir, de vencer el miedo, de cruzar una meta, de no sentir vergüenza… te aseguro que, tras esos momentos de sufrimiento e incomodidad, encontrarás la mejor parte de la vida y una felicidad menos etérea y más real… la tuya.



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